Antiprincipes

Veremos de qué somos capaces

*Por Juan Manuel Ciucci

Teoría

Nos atraviesan en el presente renovados debates que en materia de géneros y diversidad sexual, impulsan el nervio social y político de nuestra sociedad. Es tan profundo el tema tratado que socava los cimientos del sistema imperante: el patriarcado. Que llegue o no a lograrse, veremos de qué somos capaces.

El de la paridad de géneros en el mundo político y laboral es uno de los más trascendentales, diría. No porque encontremos en sus demandas algo necesariamente novedoso (¿cómo podría serlo si se trata de lograr compartir de un modo justo los comunes lugares?) sino por las enseñanzas que acarrea su puesta en práctica.

Cuando pensamos en el cupo, podemos compartir que una “discriminación positiva” no es desde ya la única o tan siquiera la mejor manera de encarar este asunto. Pero al mismo tiempo debemos reconocer cómo nos encuadra como para deber llevar adelante esa paridad. En la práctica son muchas las veces en las que teniendo la capacidad de decidir sobre un trabajo o espacio, son los nombres masculinos los primeros que acuden a nuestra mente. El patriarcado trabaja allí casi de modo solapado, llevándonos a “decidir” entre quienes conocemos o quienes son reconocidos.

El modo en que se enriquece la experiencia al cumplir con la paridad es difícil de medir, tanto en términos políticos, sociales o culturales. Es tan notable que se aprecia en la propia práctica. La posibilidad de concebir en términos igualitarios nuestra realidad se ve expandida. Eso no puede estar aún atado a un porcentaje, pero es síntoma de los cambios que debemos imponernos para acompañar el transito que aún debemos realizar.

Tan retrógrada sigue siendo la discusión por los salarios iguales por una misma tarea realizada, que en un futuro lo recordaremos de un modo vergonzante. Otra prueba del difícil camino que nos queda fue que este justo reclamo de actorales estrellas, por ejemplo, se vio tapado por las denuncias de abusos de todo tipo por parte de hombres con poder. Aun hay tanta violencia patriarcal, que se torna más que urgente nuestra participación en el proceso despatriarcalizador.

Práctica

Desde que comencé a participar en organizaciones sociales o políticas, me llamó siempre la atención el número muy alto de mujeres participando en las bases, y lo notablemente menor que esto era en las conducciones. Veía en el día a día como eran las compañeras las que organizaban y llevaban adelante las acciones, pero luego eran varones los que tomaban las decisiones. Esto se daba con normalidad, como si fuera lo que debía pasar, no necesariamente como algo impuesto, aunque claramente lo era.

Así se perdía la oportunidad de enriquecer las organizaciones con el conocimiento y la experiencia de esas compañeras, y se imponía la normatividad del hombre conductor. Creo ese modelo entró en una profunda crisis en los ’90, cuando fueron las mujeres las que organizaron los movimientos piqueteros y de desocupados, arrastrando a los varones que caían deprimidos por no poder trabajar. Igualmente, los espacios de representación continuaron siendo monopolizados por hombres.

Cuando me sumé a la Agencia Paco Urondo, a principios de 2011, era notablemente superior el número de varones que la conformábamos. Venía de experiencias donde esto no pasaba, y recuerdo la preocupación e interés que despertaba el tema, y la voluntad por transformar lo que nos pasaba. Esto nos llevó a replantear tanto los modos organizativos como de socialización que teníamos en La Paco, que comenzamos a entender lentamente podían resultar expulsivos o excluyentes.

No es que necesariamente hiciéramos algo en contra de la participación femenina, sino más bien que en la práctica dominaba un modo masculino de organizarnos y relacionarnos. Eso obligaba a que las compañeras que se querían sumar tuvieran que transitarlo, sin posibilidades casi de modificarlo. Algo que pasaba tanto en el tono de los debates, como en el modo de argumentar o discutir, los temas analizados o los lugares donde nos reuníamos, por ejemplo. No tengo claro si llegamos a modificar esto voluntariamente cuando comenzaron a sumarse cada vez más compañeras, o fue en la práctica que se construyó otro modo. Sí entiendo que aquella preocupación y debates nos permitieron estar atentos al problema y acompañar los cambios que se fueron produciendo.

Hoy somos prácticamente la misma cantidad de compañeras y compañeros en La Paco, algo que mejoró notablemente nuestra organización. No sólo por el nivel de trabajo y análisis alcanzado, sino también por las temáticas que comenzamos a abordar y que nos permitieron por ejemplo tener una sección dedicada a Géneros, en tiempo y forma como para acompañar el notable despliegue del movimiento de mujeres en nuestro país.

Nuevos desafíos se nos presentan ahora, como el de una mayor representación de las compañeras en la conducción de la organización. Nos atraviesan miradas machistas y patriarcales que muchas veces creemos no tener, y que sin embargo son en esos momentos de definición donde se muestran más palpables. Es contra eso también que debemos combatir, a fin de poder construir un periodismo militante, feminista y antipatriarcal. Veremos, pues, de qué somos capaces.

*Jefe de Redacción Agencia Paco Urondo. Director revista Tierra en Trance. Coordinador revista relampagos.net. Docente, ensayista, investigador.

La foto es de Pablo Piovano.

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