Antiprincipes

Una amiga me da la palabra

Por Guillermo Hermida*

Una amiga me invita a hablar (a escribir) sobre “Perspectiva de género” en un espacio nuevo del que inmediatamente entiendo me gustaría participar.

Llevado por una suerte de ímpetu juvenil que me asalta cada tanto, respondo

– ¡Sí claro, me encantaría!

Horas más tarde (abandonado ya por el ímpetu antes descripto) frente a mi “ordenador”, con un Fernet preparado a priori cerca, y mi gata corriendo ¡y saltando! de aquí para allá cual gato montés, me digo:

– ¿Y ahora…? Espero que escribas algo a la altura del asunto ¿no? algo revelador, y a la vez serio, pero a la vez ocurrente pero a la vez novedoso, algo que haga “merezcas” este espacio.

Esta voz interior –harto conocida por mí- me pone un poco de los nervios; se impone tomar el primer trago del aperitivo en cuestión. Felizmente: está cargadito.

-Me voy a dejar llevar –pienso-.

Tengo ganas de contar que -por como ha sido buena parte de mi historia familiar- yo siempre sobrentendí que las mujeres merecen iguales oportunidades e iguales derechos que los hombres, que las mujeres de mi familia (Mi nona a la cabeza) siempre me han infundido profundos admiración y respeto, y que por tanto cualquier subestimación de género hacia ellas, u otras mujeres, hubiese sido y es desde mi perspectiva una estupidez y que…

-¡No! ¡detente! -me digo- doblegá ese ego leonino indómito… no seas egocéntrico ¿alguien te pidió una biografía? Bueno entonces. Para autorreferencias… tus sesiones de terapia.

-Ok, ok. -Me respondo raudo, tomo el segundo trago de Fernet- Ah ya sé… puedo hablar de cuán equivoco me parece hoy, desde mi perspectiva de adulto (observando y adhiriendo a esta recapitulación que hace el feminismo) el trato sexista y prejuicioso al que los medios han mantenida sujeta a la mujer. Sin esfuerzos pienso en el contenido de revistas donde abundan ideas sugestivas respecto de Lo que las mujeres quieren, de como “se consiguen” mujeres; donde se las categoriza, se las clasifica como a cosas, o… recuerdo a aquellos capos cómicos babeándose y haciendo insinuaciones “pícaras” que habilitaban desde un manoseo burdo a una posible (ocurrente y chispeante) violación. O, reparo en la desproporción enorme que hay en los medios entre: los lugares que ocupan los comunicadores y los que ocupan las comunicadoras, en eso y…

– ¡Basta! -Ojo, aquí me levanté la voz- Esto- me digo- además de una obviedad ¡es un plomo!

– No, “basta” ¡no! -me respondo haciéndome el gallito- “un plomo” es seguir evitando hablar de la porquería que nos vendieron y nos venden, evitar hablar de como a las minas (sí dije “minas”, cuando me envalentono uso más el lunfardo) de como tratan a las minas “por ser minas” ¡dejame de joder! ¡No da! (sí, envalentonado se me allana el lenguaje) Y encima, a las que saltan, a las que reclaman, o combaten a la gilada conservadora y a los machistas acérrimos (¡que abundan más que los mosquitos en el Tigre!) se las critica, se las condena se las silencia; se las trata como si fuesen La fiebre tifoidea ¡Dejame de joder!

Me ofusco; tengo derecho. Más Fernet. Fondo blanco. A otra cosa mariposa.

Me calmo. No me dejo vencer. Reflexiono.

– No, no sé si ese es el tono adecuado –me digo mientras me preparo otro brebaje etílico. Lo tomo de pie en la mesada de la cocina; estoy ansioso y -ahora sí- un poco beodo. Beodo, dudo más. Es algo que recuerdo –lamentablemente- cuando ya estoy beodo. “Que no decaiga”

Otra vez mi hoja (virtual) en blanco espera mi descargo sustancioso, mi escrito comprometido.

No sé, no me doy cuenta como expresar que El feminismo me parece además de necesario y oportuno, altruista. No sé cómo manifestar mis ansias de que esta sociedad machista se transforme pronto, mi deseo de que las mujeres acosadas, maltratadas y subestimadas, reciban una disculpa y un resarcimiento por lo sufrido; no sé cómo comunicar que: Yo lo que quiero es un mundo con igualdad de oportunidades para todos, sin importar el género. Quiero para todos: Un mundo mejor.

¿Lagrimeo? Uf, me pegó el borracho sensible; mejor retomo mañana y veo, vemos.
Sí ojalá mañana se me ocurra algo.

*Dramaturgo, guionista, director y docente.

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