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Un salto largo en la historia

Por Soledad Quiroga, fotoperiodista.

Muchas sensaciones se agolpan al intentar describir mi experiencia en este 8M.

Expansión es una de las primeras  palabras que llegan a mi mente. Por primera vez en el país organizaciones sindicales, dejando fuera sus diferencias,  se aunaron para participar de este movimiento.

Trabajadoras de todas las edades y sectores se organizaron en sus lugares de trabajo, pese a la mirada patronal.  A las 13 horas, el día ya había superado mis expectativas cuando las empleadas bancarias hicieron un ruidazo y vuelta olímpica, con batucada y todo, en el hall central del Banco Nación.

Como esas acciones hubo muchas otras, las empleadas judiciales hicieron ruidazo en la calle y luego asambleas en las oficinas de Avenida de Mayo 654. La fuerza que cosechamos el jueves se viene gestando puertas adentro de los lugares de trabajo, ya sea una fábrica o una redacción.

Otra sensación fuerte fue ver los pañuelos de la campaña, no sólo por su cantidad si no porque cada pañuelo me contaba algo más, amplificaba los obstáculos sorteados, el  lugar ganado en la conciencia colectiva. Mujeres de otras generaciones con el pañuelo son el efecto del centésimo mono, una vez que un cierto número de personas comprende una nueva idea, su difusión entre el resto de la población se produce en forma instantánea.

Por último, el grito común en el momento de las bengalas terminó por convencerme de que el día del paro dimos un salto cuántico.

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