Cuarto Propio

Un día en el colectivo

La invitada de hoy, Virginia Feinmann*.

Después de quedarme dosdías en la cama y haber conseguido vomitar le conté a mamá lo que había pasado con el kinesiólogo.
–Acá hay stevia –me contestó ella y acercó una cajita que estaba sobre la mesa. No sé qué esperaba yo, que reaccionara, si nunca antes había reaccionado.
Le iba a decir por quinta vez que no quiero dejar el azúcar por el stevia pero hice un rato más de silencio. Tampoco quería darle el gusto de cambiar de tema tan rápido.
–Al final qué somos las mujeres –seguí, mientras me iba a buscar leche, galletitas, azúcar–… ¡objetos!
Ella no le deja el saquito puesto al té como yo. Quiere sacarlo. Me mira con ojos de vaca, como diciendo y ahora dónde, dónde lo pongo.
Resoplo y le alcanzo el plato más chiquito que encuentro. Siempre me gustó el té cargado, como un café. No entiendo a la gente que lo toma liviano.
–¡Objetos! –digo mientras llevo el plato con su saquito y lo tiro en la cocina– El tipo se calienta, tiene un impulso, va y te avanza. Ni siquiera se toma el trabajo de ver si vos estabas caliente también.
Ella abre sus dos sobrecitos de stevia, los vuelca, revuelve. Toma el té de a sorbitos como si estuviera hirviendo. Los ojos siguen un poco grandes.
–Además se supone que es un médico –le digo– que estás en una consulta médica, que si te dice levantá la pierna y mové así es porque quiere ver algo de los músculos, porque te duele, le estás confiando que te duele, ¡lo vas a ver porque es un médico!
Mamá mira las galletitas del plato como si fueran otra cosa. Como si tuviera que venir de muy lejos para comprender qué son, qué tienen adentro, y si en todo caso le conviene comerlas.
No hay esperanza. No hay esperanza para ella ni para mí. No tiene sentido martirizarla –Bueno, contame vos –le digo– ¿quién gana en el programa de la RAI?
–Una vez en el colectivo –me dice ella–, cuando tenía trece años.
No digo nada. Y es que de algún modo ya sé. Como sabés que tu gato se murió sólo por la cara con que viene el veterinario.
–Pasa que uno manda esas cosas vayas a ver dónde… –sigue ella.
–Sí, claro –bajo la cabeza. Quiero ir a la cocina a buscar algo más, lo que sea. De pronto no quiero escucharla. Qué me va a contar que no me haya pasado a mí también.
–Mi mamá –dice ella sin dejar de mirar el plato de galletitas– a veces se bajaba del colectivo sin mí. Se olvidaba.
–Pero viste –digo yo y sacudo miguitas con una mano y las recojo con otra puesta debajo de la mesa– ahora es distinto…. La gente lo tolera menos, hacen marchas… ¿Querés otro té?
–Ese día yo iba a gimnasia –me dice ella–  Tenía pollera de gimnasia y un bombachón. Un bombachón negro, de tela dura, dura, se usaban para gimnasia.
–Sí, sí, ya sé… Los bombachones de gimnasia… ahora no se usan más…
–Y un señor se puso atrás mío. Se apoyó –encoge los hombros­– Todo el viaje. Mi mamá estaba cerca, pero no la fui a buscar. No sé. No podía.
Dejo todo lo que estoy haciendo.
–Quería hacerle señas pero tampoco le hice. Tenía terror de que se bajara sin mí. Pero también tenía terror de que me viniera a buscar y viera al señor. Yo lo único que pensaba, lo único que pensaba durante todo el tiempo, era “menos mal que tengo el bombachón”, “menos mal que tengo el bombachón”. Y toda la semana pensé lo mismo… “menos mal que tenía el bombachón”.
Por la ventana se ve gente abrigada pero hay sol. Agarro un sobrecito de stevia. Voy a probar el stevia, mamá, le digo.

*Publicó relatos en el suplemento literario de Página/12 y en las revistas Letras Libres, La Granada, La Gaceta y El coloquio de los perros, la novela Toda clase de cosas posibles (Mulita, 2016). Está a punto de salir su próximo libro, Personas que quizás conozcas. Varios de sus microrrelatos han sido adaptados para radio, teatro o espectáculos de narración oral.

2 comments

  1. Virginia, la manera en la que tus personajes dicen sin decir, es tremenda. HAce que hablemos por tus personajes antes que ellos y esperamos, desesperanzados, que tus personajes digan mas, mucho mas. Pero nunca pasa. La maldita realidad. Otro cuento Master piece….y ya van…

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