Nosotras Abortamos

Lucho por las que no sobrevivieron

Cecilia, 35 años, fotógrafa, madre y feminista.

Tenía 25 años. Era una piba que se morfaba el mundo. Soltera desde hacía casi un año, estaba enamorada de vivir por primera vez sola y estudiando lo que había descubierto que me apasionaba, un día me enteré que estaba embarazada.

Mi primer pensamiento fue “cómo me saco esto de encima”. Es lo que pensé y sentí. Un amigo me pasó el dato de una ginecóloga en Avellaneda y la cosa se puso en marcha. Mi pareja de ese momento se hizo cargo de la mitad y yo de la otra mitad.

La cita era un domingo a las 9 am, en un consultorio privado, un departamento de un edificio perdido en el medio del Conurbano. Lo había visitado una semana antes. Cuando lo pienso desde la distancia en el tiempo, me aterra saber que podría haberme pasado cualquier cosa. Tuve que entrar sola al lugar, un departamento de dos ambientes: sala de espera y consultorio. Cinco minutos más tarde estaba dormida y unos cuantos minutos después, despierta y con un aborto terminado.

En la historia hay un dato fundamental y es que una amiga holandesa me ayudó con el pago de mi 50%, ella se lo comentó a su padre que estaba en Holanda y él decidió junto con unos amigos donar esa mitad, indignado por la situación de clandestinidad e ilegalidad del aborto en Argentina (en Holanda se legalizó la década del 80).
Tuve suerte, estoy viva, me rodeó gente amorosa y hoy puedo luchar para que el aborto se legalice en Argentina. Luchar por las que no sobrevivieron.

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