Cuarto Propio

Sobre El lujo, una novela de Lola Larrosa, (1889)

Escribir, tomar la palabra, configurarse un propio mundo de intimidad y libertad. La invitada de hoy,  Vanesa Guerra*

En la Argentina de 1889 trabajar como escritora y periodista era una indiscutida extravagancia, un modo de confinarse a una minoría.

En ese marco Lola Larrosa escribe la novela El Lujo; es su cuarto libro; Lola no es costurera, no se encierra en bordados, no es mantenida por un esposo; Lola trabaja, gana su dinero como periodista y escritora, dirige un diario que ha fundado en su momento Manuela Gorriti; como nota de color cuando asume la posta lo rebautiza Alborada literaria del Plata; en ese modo de la continuidad generan una publicación nueva (una más) dirigida por otra mujer (otra más); Larrosa tiene un marido que es periodista, un día el marido se vuelve loco, una demencia lo apaga; Lola cuida de él, y también cuida de un hijo pequeño. Esa es Lola Larrosa Laguna de Ansaldo, lleva una vida en sintonía con la nuestra, pero 129 años atrás. Forma parte de un puñado de mujeres que se bancan a puro deseo ser visibles, disidentes, anómalas en un siglo opíparamente patriarcal, el XIX. A ella tampoco le faltó critico opresor, en este caso Don Navarro Viola, hombre de impronta que al leer lo que escribía esta mujer joven, la mandó a callar de manera pública: “que desvíe con provecho las tendencias de su espíritu hacia rumbos más propicios y acaso de más vuelo para su corazón de mujer”.

Que ocurrencia. ¿Qué hacer con una encendida cuando el pueblo quiere apagarla? ¿No es acaso la diferencia lo que les duele con pavura? Lola vuelve a la escena con El Lujo. El trabajo es una maniobra bien pensada. Es la historia de Rosalía, una joven que está muy a tono con la ética de vida de su autora, y atosigada o narrada por una voz afinadísima con la moral social y constreñida de la época.

En ese diálogo feroz entre moral y ética, Larrosa construye una mujer por venir.

Rosalía no está en su sitio, leemos, es que se ha vuelto una patada al espejo, algo amoral que no se deja asimilar a la naturaleza homogénea del pueblo; la moral aplana las rugosidades que toda pasión impone, la moral busca igualar; pero ella anda con pliegues, sospecha otra realidad, algo que la mueve íntima y no tan secreta a gestos desfasados dentro de un pueblito donde todos danzan la misma coreografía. ¿Cómo terminar de salir del sitio, si ni siquiera ella sabe cómo ha llegado a tanto?; ¿cómo salir con la fuerza presentida y presumida de sus gustos propios e impropios hacia lo intuido y destellado?; ¿cómo? porque el deseo primero se intuye, destella alguna cifra extravagante y después, o mientras tanto, duele, duele en su espera, en su tiempo descifrador, en aquello que preludia la acción ignorada hasta que la grieta es posible y activa su maquinaria precursora y nos exilia de donde no se es y a fuerza creímos haber sido.
En los interiores abiertos que la habitan (que nos habitan), es de un exilio del que se nos habla.
Partir de sí y llegar a sí, siendo otra.

El Lujo es una novela de exilio: Partir de sí, es decir parirse, parirse mujer.

Rosalía indica Es muy triste morir en este rincón sin haber visto otros horizontes. Pero qué cosa. Una mujer que desea algo más que un hombre, algo más que un hijo, algo más que árbol, algo más que un libro, algo más que un Cristo y un paño, algo, más allá de un horizonte que semeja un alambrado tieso, y, si acaso no es bruja, ni pecadora, ni pródiga hija, una mujer así, pues, ¿qué cosa es?
Una encendida, pura lava, un lujo.

Extracto de A libros quemados mujeres que escriben. Prólogo a El Lujo Lola Larrosa. Editorial Buena Vista. Córdoba. Colección Las Antiguas. 2011 Argentina.

*Vanesa es escritora y psicoanalista.

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