Nosotras Abortamos

Relato en cinco tiempos

Graciela, socióloga.

De las cinco veces que aborté, totalmente consciente, cuatro fueron de alto riesgo.

Asesorada por alguna amiga personal o del novio en cuestión llegué a diversos métodos: desde el raspado (en malas condiciones de higiene), pasando por el llenado del útero con algún líquido non sancto.

Sólo una vez pude pagar una intervención con los controles médicos necesarios.

¿Por qué tantos? Con casi 20 años, en mi despertar sexual primaba el “de eso no se habla”, con lo cual  tardé tres abortos a que una amiga me llevara a un ginecólogo y me explicaran el método del DIU.

El cuarto fue por descuido ya con mi pareja estable, y aún actual, y pude realizarlo en una sala de operaciones.

El último, un aborto no deseado, ya tenía mi primer hijo (buscado y deseado) y no tenía dinero para el DIU quedé embarazada durante el primer año. Las cosas no estaban bien en ningún sentido, entonces decidimos abortar en un lugar de mala muerte por el Oeste. Esa vez sí que tuve mucho miedo. Salí tan mal que volví boleada a casa y estuve mucho tiempo llorando.

Por dos razones fundamentales: ahí comprendí el riesgo de morir (ya tenía un hijo pequeño) y no deseaba abortar.

Junté dinero y coloqué un nuevo DIU, hasta que las cosas estuvieron mejor y pude tener mi segunda hija.

No me arrepiento de las decisiones que tomé a cada momento, sólo lamento no haber contado con la información necesaria para la prevención del embarazo y tener el dinero suficiente para abortar con el cuidado sanitario fundamental.

El acompañamiento fue variado. En el primero mi novio, en el segundo y tercero una amiga (mi novio ni se hizo cargo), cuarto y quinto mi actual marido.

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