home Noticias

“Mil veces me mandaron a lavar los platos”

Por Federico Amigo

Silvina Villalobos es entrenadora de Boca de Bermejo, en el Federal C. Se trata de la única mujer de Latinoamérica que dirige a un equipo masculino. “El machismo sigue existiendo y no se abren puertas”, opina.

A Silvina Villalobos le encantaba ir a los baldíos del barrio, en Guaymallén, a patear una pelota. Desde chica, a los cinco años, jugaba al fútbol para divertirse. “Me llevaba mi hermano y era la única nena entre medio de todos los varones”, dice sobre ese momento de su niñez. En esa época, en los ochenta, el fútbol femenino contaba con poco espacio y ella lo sufría. El machismo la expulsaba de la cancha, el lugar en el que hoy pasa más de once horas al día entre los entrenamientos en Boca de Bermejo –único equipo masculino dirigido por una mujer en Latinoamérica-, la escuelita de fútbol para chicas y Las Pumas, donde jugó como delantera hasta que tomó la comandancia del plantel en 2004. “Cuando queríamos alquilar las canchas, nos decían que no porque éramos mujeres”, recuerda sobre las barreras que superó en su carrera.

-¿Cómo fueron tus comienzos en el fútbol?

-Me costó mucho entrar en el fútbol femenino porque no estaba tan desarrollado como ahora. No había ni campeonato y a las ligas no les importaba tener mujeres. Teníamos que hacer campeonato barriales para jugar. Y sí, mil veces me mandaron a lavar los platos.

-¿Tu experiencia puede servir para que haya más espacios para las mujeres?

 -Hay muchas entrenadoras capacitadas para dirigir pero es difícil. El machismo sigue existiendo y se ve en que no se abren puertas. Yo tuve la suerte de encontrar un dirigente que me llamó y tuvo la confianza para que me pueda mostrar. Confiaron en mi proyecto y mi experiencia en el futbol femenino. Mis resultados eran buenos, pero soy mujer y desde ese lado cuesta. Espero que mi caso sea un puntapié para muchas mujeres. Voy a llevar esta bandera y ojalá se generen más espacios. En mi caso, la experiencia es muy satisfactoria: soy respetada tanto por los colegas como por los jugadores míos y los contrarios. Y la confianza también va más allá de Boca de Bermejo. Ahora, por ejemplo, me convocó Guaymallén, un equipo grande de acá, para dar una clínica de futbol femenino.

-¿Cómo nace tu relación con el fútbol?

 -Jugando desde chica, de la mano de mi hermano. A los 13 o 14 años empecé a jugar en Las Pumas.  Estuve casi 25 años y en el 2004 comencé como jugadora y entrenadora. En 2016 me convocaron para la primera de Boca de Bermejo y hasta hoy estoy en los dos clubes. Me siento bien en Bermejo y quiero seguir. En el masculino, también me fue bien. Estamos a un punto de la clasificación a la segunda rueda del Federal y eso me enorgullece.

-Desde tu infancia hasta acá hubo muchos avances en el fútbol femenino.

 -Hoy si un club no tiene fútbol femenino, no puede participar en las ligas tanto a nivel provincial como nacional. Es una obligación, una carta para nosotras y una pelea por la que luchamos. En la escuelita, tengo nenas de 12 años y yo recién pisé la Liga a los 12 anos. Ahora todos tienen que tener fútbol femenino y eso es un avance muy grande. Nosotras sentimos lo mismo y nos corre la misma sangre que el hombre. Estamos ante un monstruo dormido que está empezando a despertar. Cuando se den cuenta van a ver que el fútbol femenino no es una perdida, sino una potencia como acá, cruzando la cordillera, en Chile. Cuando abramos la cabeza, ya no nos vamos a comer 10 goles como le pasó a la Selección contra Estados Unidos, hace unas semanas. Se necesita un proyecto porque si no no hay futuro.

 -¿Qué aportás a la causa Ni Una Menos desde tu lugar?

 -Igualdad, perseverancia y atreverse a algo distinto. Me toca estar en un campo de juego, en un espacio popular y desde ahí se hace más trascendente. Intento ayudar a que la mujer se atreva a salir del cascarón en el que estamos viviendo hace mucho tiempo. Es un ambiente sumamente estrecho, pero tratamos de concientizar y de generar nuevos espacios. A me tocó dar charlas en lugares donde había mujeres golpeadas y me tomaban como referencia. Pero para mí referente es mi mamá: me crió a mí y mis cuatro hermanos, y tuvo que ser mamá y papá a la vez.

Dejá tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *