Antiprincipes

Mea culpa

Por Darío Hernández Orjuela*.

Mea culpa. Porque todos los hombres hemos sido machistas, hemos mirado de modo lascivo, todos cosificamos en algún sentido a una mujer, ya sea por inmadurez, mala educación o simplemente porque nos parecía correcto. Por ser hijos de una sociedad que nos enseñó mal, fruto de una cultura influenciada por dogmas y tradiciones construidos sobre su sufrimiento y olvido.

Mea culpa. Porque a través de los siglos, destruimos el concepto de igualdad mientras hacíamos de nuestra historia un sinnúmero de injusticias sopesadas en derechos divinos por religiones amañadas a nuestra conveniencia. Por creer que la guerra y la violencia nos hacía superiores, mientras ustedes mantenían el orden y la prolongación de la especie con un sacrificio lleno de dolor y soledad. Porque les dijimos brujas y asesinamos su libertad de pensamiento y el innato sentido de independencia que viene con ustedes desde que respiran por primera vez en el mundo. Y todas las barbaries fruto de las artimañas que pudimos construir para infundirles miedo e intentar eliminar su voluntad.

Mea Culpa. Porque después de hacer juntos un mundo menos intolerante, más lleno de colores e interconectado gracias a su constancia, seguimos en nuestra terca actitud de querer tenerlas como propiedad, de seguir intentando limitar su libertad de disfrutar la vida por medio del miedo, el acoso y la violencia.

Pero hoy quiero decirles algo más que Mea Culpa. Ustedes lo están logrando. Están cambiando nuestras mentes, o por lo menos a aquellos que tenemos el valor de reconocer nuestra mala educación. Y a los que se juegan la carta de continuar perpetuando el ideal del macho, la misma sociedad está empezando a rechazarlos, a doblegarlos, a mostrarlos como simples personajes aletargados en su propio ego y marcándolos como anacrónicos e ignorantes. Su victoria es poder decir que muchos de nosotros nos hemos empezado a poner en sus zapatos. Hemos visto a nuestro alrededor, vemos a nuestras madres, hermanas, hijas, amigas y parejas. Nos empezamos a sentir asqueados de la violencia, del acoso, llegamos a creer que nuestro deber es pararnos a su lado y defendernos juntos de estos actos. Aprendemos a saber que aun podemos conquistarlas con transparencia y sinceridad, sin entrar en su espacio sin su autorización. Y hacernos cargo de nuestros propios errores y malas costumbres. De apreciar sus esfuerzos en contra de un orden social hecho a la medida del machito, que no ha podido mantener este mundo cuerdo ni feliz.

Pero esto es una lucha de largo aliento. Aún hay que librar batallas impensables contra los violentos, los femicidas, los que cobardemente detrás de un arma las obligan a ser mártires sin querer serlo. Aún tienen por delante a millones de mujeres victimas de todo tipo de violencia, explotación y degradación. Permanecen rezagos de las doctrinas que les quitaron el derecho a decidir sobre su propio cuerpo, así como la doble moral que les hizo sentir vergüenza, mientras las exhibe como objetos de deseo.

Nos queda educar a las nuevas generaciones en ese sentido de igualdad, de equidad y de equilibrio. Mostrarle a los que vienen, que nacimos iguales y hacemos parte de una unidad. Y sobre todo continuar sin desistir. Por mas que las circunstancias las intenten hacer renunciar, se que jamás van a hacerlo.

Nosotros, y me incluyo, tenemos mucho que cambiar, mucho que reevaluar si pretendemos hacer parte del cambio. Es un absurdo el que se disfraza de feminista, cuando ninguno está libre de haber sido influenciado por el machismo en el que vivimos. Por eso este “Mea Culpa” es esa verdad que nos duele aceptar. Por más buenos y nobles que queramos ser, todos tenemos algo de que arrepentirnos. Es por esto que día a día somos más los que asumimos esta responsabilidad y abrazamos nuestro futuro con la consciencia de lo que hicimos mal.

Para terminar, quiero recordarles que la lucha por un mundo mejor la debemos librar juntos, pero nosotros somos sus soldados. Nuestro tiempo de mandar ya pasó. Ustedes son las que deben liderarla. Ténganlo por seguro que la vitoria será suya.

Darío Hernández Orjuela. Novelista y columnista colombiano. Realizador audiovisual, estudiante de Historia.

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