¿Por qué paramos?

Las voces del Ruidazo

Juliana Corbelli >


En la esquina del Congreso Nacional, se oyen ruidos que vienen del centro de la avenida, de la vereda o de un gazebo. Rápidamente se suman mujeres con carteles y objetos que actúan como caja de resonancia política. No tienen nada de negativo estos ruidos ni de estático sino todo lo contrario: son mensajes que ruidan contra el femicido para pedir mejoras en la educación e igualdad. Respeto, sobre todo, y visibilidad.

Mujeres con carteles, solas o en grupo, con compañeras de trabajo o de sindicato, mujeres veintañeras o de edad avanzada se encuentran aquí en esta torcedura política y social para pedir igualdad y dar la apertura espontánea al Paro de Mujeres en la Argentina, como así sucede en otras plazas o nodos de reunión.

Desde sus protagonistas se escucharon voces acompañadas con todo tipo de instrumentos, cornetas, botellones de agua, morteros. Más tarde y hasta las 17, la hora de la plaza, #NiunaMenos gestionará actividades con artistas visuales queer, performáticas, plásticas y del área de las letras, entre otras, y harán actividades en el Centro de Investigaciones Artísticas como un lugar más de reunión. Tal vez, esos plásticos, papeles, maderas y otros materiales que ahora son herramientas, más tarde, entonces se rematerialicen en obra colectiva.

Los carteles son variados como así también las urgencias que desembocarán en la Plaza esta tarde, aunque es claro que el reclamo de mayor gravedad pide “no más chicas muertas”.

María y Lucía estaban trabajando hasta recién. Tienen 44 y 48 años. Ellas pararon y bajaron a la plaza del Congreso. Pertenecen a la Corriente Gremial Porteña y al Ministerio Público de la Defensa. Están aquí como todos los años y vitorean la diferencia entre hombres y mujeres, “pero esto no significa una superioridad de que el hombre esté sobre la mujer”. “Esta manifestación es necesaria para pedir respeto e igualdad, para que no nos maten, no nos persigan, no nos acosen y que cada uno esté seguro en sus lugares”, así apelan a la competencia del hombre respecto de la mujer, por ejemplo, en la participación en las tareas en el trabajo.

Natalia tiene 35 años, es trabajadora del Ministerio de Desarrollo Social y está haciendo ruido con un mortero que tomó de la oficina. Advierte sobre femicidios como mayor urgencia: “Me parece que es una lucha que tenemos que darnos todas y todos, los compañeros también tienen que visibilizar lo que está pasando: nos están matando. Cada vez tenemos más femicidios y no nos podemos quedar sentadas en la oficina y decir ‘a mí no me pasó’. Es una lucha que tenemos que dar todas las mujeres.”

Jessica tiene 30 años y llegó con el grupo de trabajo de una empresa, visten uniforme y portan carteles. El grupo exhibe un breve texto de Frida Kahlo que apela a las mujeres independientes y valiosas. Su mensaje principal apunta a “que se terminen los femicidios que hay y no haya más chicas muertas por ahí”, mientras aplauden y cantan NiunaMenos.

Verónica tiene 25 años, pertenece a un colectivo de intervención artística en Zona Oeste, ahora está sola, aunque por la tarde se sumará a su grupo. Lo dice así: “Me uní porque la mujer es igual al hombre. Hay injusticias y no puede ser que cobremos menos. Está mal y vengo a dar voz para reclamar una legislación justa. Mi prioridad es la educación, se tiene que educar en las escuelas para concientizar porque no pasaría lo que está pasando hoy en día”.

Miriam tiene 57 años y pide por la falta de respeto que hay entre “nosotros”, entre hombres y mujeres y entre mujeres también. Es importante el paro y que lo hagamos “porque las mujeres somos cagonas, dice” y apela por sobre todo al respeto.

Hay mucha expectativa para esta tarde. Se esperan miles de mujeres en la plaza de todo el país.

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