Antiprincipes

La Revolución será feminista

Por Patricio Torres Díaz*.

Ni una muerta más

Susana Chávez, poeta y militante feminista mexicana, asesinada el 6 de enero de 2011

La paz nunca fue una opción

Magnetto, de X-Men, citado en Foucalt para Encapuchadas

Hace tres años no existía #NiUnaMenos.

El #8M no era más que esa fecha de color rojo y bastardilla en los calendarios, con una nota al pie que indicaba el “Día de la Mujer” y el convencional ramo de flores a la mujer-secretaria, mujer-cónyuge, mujer-felicitada-por-ser-mujer. Un Feliz Día y a otra cosa. Hoy, 8 de marzo de 2018, es –inequívocamente- una jornada de lucha: de encuentro, de militancia y de reivindicación. Hoy, mujeres de todo el país, de Latinoamérica y del resto del mundo marchan y rebalsan a puro grito y consigna las calles de las ciudades en contra del patriarcado y de los femicidios, de la transfobia y la lesbofobia. A favor del aborto legal, seguro y gratuito. De su derecho a decidir sobre sus cuerpos.

No es un antojo ni es un capricho: las mujeres son asesinadas por ser mujeres (entre 2008 y 2017 se registraron 2.679 femicidios, según La Casa del Encuentro). Mueren por ser mujeres: se estima que 42 mujeres mueren por año a causa de complicaciones derivadas de los 500 mil abortos clandestinos que se realizan cada año. Cobran menos por ser mujeres: hasta un 38,2% menos, de acuerdo a la Encuesta Permanente de Hogares.

La visibilización de la violencia de género, motorizada por la militancia que hizo política de los cuerpos, llegó a instalar el tema en los medios de comunicación y en el ámbito familiar y cotidiano. Modos, formas y costumbres se pusieron en tela de juicio. Abusos ahogados y censurados se volvieron vox populi y –de pronto- ya no hubo trinchera para el Macho. Decir que “hay mujeres que necesitan ser violadas” le costó a Gustavo Cordera la suspensión de sus shows, una condena social feroz y un embargo de 500 mil pesos. El ‘humorista’ ex VideoMatch Yayo Guridi tuvo que cancelar funciones por el contenido misógino de sus monólogos del mismo modo que Cacho Castaña (autor de si te agarro con otro/te mato/te doy una paliza y después me escapo) tuvo que evitar presentarse en público luego de declarar que “si una violación es inevitable hay que relajarse y gozar”. Hay muchísimos –demasiados- casos más, sírvanse de googlear: Marcos Di Palma hablando sobre el aborto; Facundo Arana de la realización de la maternidad o Roberto Pettinato acerca de las probabilidades de abuso en base a la disposición de una mujer.

Todos los casos mencionados un párrafo más arriba tienen a sus autores retractándose o pidiendo disculpas posteriores (a menos que se resignen a cadáveres mediáticos sin más) como denominador común: ante el escarnio público en redes sociales o la condena mediática de los programas de media tarde salen en busca de cualquier micrófono para rasgarse las vestiduras y asegurar que fueron tergiversados, malentendidos o sencillamente difamados: ellos han sido víctimas de un discurso feminista radicalizado. No es arrepentimiento. No es remordimiento. Es el manotazo de ahogado para intentar no quedar abroquelados al arquetipo de macho que el mainstream ya no tolera en términos de marca o publicidad. Porque la piscología del marketing 2.0 (o 3, 4, 5.0, quién sabe a esta altura) corre un paso adelante y destaca en capturar la lucha para convertirla en slogan. Por eso Alto Palermo traduce el día de la mujer en el Mes de la Mujer. Volviendo a los medios, Jorge Rial eligió, durante una semana, llenar su programa Intrusos (magazine masivo y tribuna cosificante de antología) de periodistas y militantes de corte feminista durante una semana entera -llegando al punto de enarbolar él mismo el emblemático pañuelo verde de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Malena Pichot, Luciana Pecker, María Florencia Freijo, Señorita Bimbo e Ingrid Beck capitalizaron el espacio televisivo dedicado exclusivamente a la farándula local como espacio político. Y lo bien que hicieron: durante la entrevista a Bimbo –que hizo eje en el aborto-, por ejemplo, las consultas en Wikipedia sobre el uso del Misoprostol se dispararon más de un 500%.

Rial fue cuestionado por su histórico rol de macho que ahora se mostraba feminista (“Ahora soy esto” declararía después en el tribunal de las redes sociales) y las mujeres que accedieron, acusadas por su predisposición a mostrarse en un programa frívolo y misógino. Poco menos de un mes después, el gobierno anunció –primero a través de trascendidos en los medios, a tono con la metodología think tank– que habilitaría el debate parlamentario sobre la despenalización del aborto. De esa forma, Mauricio Macri se convirtió en el primer presidente en hacer mención al tema en una apertura de sesiones. No es que le importe, no es que le interese, no es que lo quiera (dah!): es que está instalado; forma parte de la agenda política (y el gobierno lo usa para su conveniencia). Y esto es gracias, precisamente, a la militancia de las miles de mujeres lograron que esta semana se presente por séptima vez el proyecto para la despenalización.

¿Y los varones? Siempre que se acerca el 8 de marzo, el 3 de junio o el Encuentro Nacional de Mujeres surgen las cuestiones relativas al rol de los varones frente a las actividades políticas que organizan las mujeres. Que si pueden marchar. Que si pueden adherir. Que si pueden simplemente estar. Que tienen que estar. Que deberían estar. Que, que, que…

…que sirva la ocasión para hacer foco en lo que sí deberían hacer los varones más allá del numerito en el calendario: pro-ble-ma-ti-zar. Desde los chistes machistas hasta el consumo de prostitución o pornografía. Desde mirar a una mujer en la calle hasta hacer circular un video o una foto por WhatsApp. Y no sólo en las cuestiones que explícitamente entran en conflicto con el género. Es necesario también revisar lo que se entiende como “caballerosidad”: no hay por qué tenerle la puerta a alguien sólo porque sea mujer o darle el asiento en el bondi. Sí hay que ser solidarios cuando se advierten esos micro-machismos. Sí hay que corregir a otros varones que reproducen esos mecanismos que habilitan la violencia de género en todas sus formas (física, discursiva o psicológica).

Si bien la causa feminista tiene más (muchos más) años que los que llevan instaladas aquí las consignas de #NiUnaMenos, #VivasNosQueremos o el Paro Internacional de Mujeres, no hay duda de que logró avances que no conquistó ningún otro partido u organización política en tan poco tiempo. Tiene su propia agenda, una efervescencia arrolladora y un devenir más que prometedor.

A pura sangre y a pura bronca las mujeres salen a la calle todos los días con la boca llena de una rabia que contagia y emociona. Y salen por las que no volvieron. Por las que están y por las que faltan.

Porque la revolución será feminista.

Patricio Torres Díaz es periodista. 

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