Nosotras Abortamos

El aborto clandestino mata

Eleonora, 42 años, abogada.

Cuando me hice el test de embarazo supe en ese instante que no quería ser mamá. Tenía 20 años y no lo dudé, quería decidir sobre mi cuerpo y mi vida. Hablé con mis viejos quienes bancaron mi decisión y garantizaron los recursos económicos (era un número) para que yo pudiera interrumpir mi embarazo.
Contaba con una prepaga, pero eso no importaba, porque abortar es una intervención ilegal que no te cubren.
Lo que no me provocó en cuanto a lo psicológico mi decisión sí lo hizo conseguir donde. Llamados, consultas y tareas de inteligencia que me llevaron hasta la desesperación,  me contactaron con un médico de una “clínica clandestina” en la que no me garantizaban ni asepsia ni contención pero si insistían en la entrevista previa con la reserva del lugar casi como un secreto de sumario.
Entré sola y salí sola. Nadie podía estar conmigo, nadie podía supervisar las condiciones del lugar, fuimos hasta ahi mi cuerpo, mi decisión y la pregunta hasta el día de hoy de que hubiera pasado si no contaba con la guita, si me pasaban de anestesia o me agarraba una infección en una camilla por la que pasaron muchas mujeres antes que yo y nadie controlaba.
El aborto siempre es el último recurso, debe ser política de Estado la educación sexual y la prevención, la ley de educación sexual debe implementarse e instrumentarse de manera operativa y seria en las escuelas. Ese el camino. El Estado debe garantizar el acceso a todas.
El aborto clandestino mata y cada muerte, es un tema de salud pública.

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